366 grados, día 87

Te das cuenta de que perdiste en ese movimiento como chaparrón ácido. El niño usa su alfil atento y te instala la torre en la garganta, te aprisiona. La fortificación crece, es una carga para tu columna, se hace cargo. Todo será, después de eso, la liquidación de una integridad estructural frágil. Vas a tener que ver si seguís corriendo sin corazón o si le hacés un desaire al juego. Jugás mal, por eso es que ves solo dos opciones.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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