366 grados, día 114

Mis ojeras se cuelgan
del espejo
como unos monos oscuros,
desconocidos,
de melenas lacias y lustrosas,
ficticios,
tan problemáticas como una selva
hecha de barrotes
inteligentes
pero descorazonados como una lupa,
repetidos,
solitarios como la ortografía obsesiva
de una lengua en extinción.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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