366 grados, día 116

Y me convierto en un viejo de mierda,
uno formal, que entrega sus libretas,
uno que no permite que se pierda
el camino vacío hacia la meta.

Y voy trepando en el escalafón
de los atornillados, indelebles
funcionarios que habitan el panteón
que no por fijo es menos audible.

Y me postulan para posiciones,
como las ceremonias de las firmas
y pasar revista a los mirmidones,

y me permiten cagarte la vida,
dirigir las plantaciones de estigmas,
tener por el mango las guerras perdidas.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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