366 grados, día 134

Es un árbol lo que somos,
un manglar con raíces en el aire,
una costa infinita, horizonte,
flor siempre en botón,
una corteza que no acaba de crecer,
una savia cuyo gusto
no sentimos,
un árbol que genera sus propias
pestes, sus propios leñadores,
cuyas hojas son pájaros
y sus gusanos tigres,
un árbol añejo e instantáneo,
genealógico y semilla,
un árbol puras ramas,
el tronco ramas, las hojas ramas,
las flores ramas, plantado
en todas partes y al mismo tiempo
plantándose, talándose,
un árbol redondo como el mundo,
mineral, animal, explosivo como hongo
tras el agua, un árbol que mana,
una especie que es todas las especies,
peregrino en el desierto y maná,
principio y fin,
jaicu y coronilla, un árbol picaflor,
huracanado, paradisíaco,
un árbol que da víboras
y motosierras y silencios,
absoluto,
sin principio ni fin,
tan prosaico como poético.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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