366 grados, día 146

Si una gota
de resina de secuoya
se me cayera arriba en este
momento
y me preservara en la postura
en que estoy, mal sentado
en un sillón con un cuero
de oveja pintado de naranja
y con la computadora sobre
el muslo derecho mientras
cruzo mi pierna izquierda de modo
que el tobillo se tranca con la rodilla derecha,
me pregunto si me tomarían por escultura
o por algún tipo de sacerdote
en trance de perpetrar algún ritual,
viste que los antiguos siempre estaban
de ritual en ritual los muy tarados,
me intriga saber si a alguno se le ocurrirá
que estaba escribiendo este poema
de mierda y con un poco de dolor
de cabeza.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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