366 grados, día 158

En el cielo de mi religión
todas las mujeres andan desnudas
y las que no me quieren
me desean.

En el cielo de mi religión
vivo constantemente acabando
al mismo tiempo que empiezo.

En el cielo de mi religión
no existen jerarquías
y cada partícula de luz
es polvo.

En el cielo de mi religión
no existe religión
y solo están los disfrutadores.

En el cielo de mi religión
tampoco hay dios que nos alumbre
porque nos alumbramos nosotros.

En el cielo de mi religión
el cielo llega al nivel del suelo,
allí donde se coge naturalmente.

En el cielo de mi religión
se comen frutas que sienten placer
cuando dan todo su jugo.

En el cielo de mi religión
no somos hombres ni mujeres,
ni putos ni tortas,
somos orgasmo siempre.

En el cielo de mi religión
somos pájaros inteligentes
como los delfines.

En el cielo de mi religión
no existen los fines
ni los medios
de comunicación.

En el cielo de mi religión
todo se siente
como ondas en el agua.

En el cielo de mi religión
se informa en versos
sobre la felicidad.

En el cielo de mi religión
todo es playa o es selva,
según nos plazca.

En el cielo de mi religión
no se paga porque el cielo
no le va a pagar al cielo.

En el cielo de mi religión,
naturalmente,
es religión.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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