366 grados, día 166

No sé mis textos de memoria.
No insista.
No me sé de memoria.
La maestra mandaba
memorizar poemas
que no recuerdo.
Era muy difícil.
Odiaba los poemas.
Sin embargo, uno me gustó.
Era de Serafín.
Andaba por la casa
repitiéndolo como un loro
contento.
Desperté a mis padres recitando.
Me lo olvidé.
Pero la sensación quedó.
Como un masaje con alas.
Me sé todas las alegrías
y las tristezas.
Me sé.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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