366 grados, día 167

Probablemente soy
el Okavango,
cuyas aguas, al principio caudalosas,
se convierten en emigrantes
que transitan el desierto.
Habitadas
por leones nadadores
y otras criaturas fabulosas,
terminan siendo absorbidas
por el Kalahari
y la incertidumbre.
Aparentan,
crecida a crecida,
que no todos los ríos
van a la mar.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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