366 grados, día 172

Cada tanto se nos cumple
el sueño de ser Brasil,
el aire se llena de olores fuertes,
algunos de ellos rancios,
de tucanes, de brazos libres,
de piernas, de espaldas
que se revelan mágicamente,
de una masa ajena
que obnubila el entendimiento
y nos pasma,
cada tanto el trópico
se aviene a visitarnos
y se encuentra con abanicos
de papel, instituciones
de pantalones largos,
protestas, escasez de agua,
alarma pública, apagones,
la población gime
arrastrándose y clama
por un tiempo patagónico,
antártico si se puede,
se añoran las bufandas
y la ropa que embellecía
los kilos descuidados,
entonces todo se revierte
en un nuevo temporal
de vientos fuertes
que le arranca los techos
a los deseos y vuela
los abanicos de papel,
los moja, los deshace,
le quita fuerza al azul
de la bandera, y rayas,
y quedamos otra vez
tan argentinos.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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