366 grados, día 176

Pasa el dios por los barrios
y en la estela que va dejando
la rueda de su bicicleta
brotan selvas livianas, hojas
grandes como abanicos
de una corte lujosísima
y abierta a toda clase de personas,
de animales, de conductas, de signos,

pasa el dios por los barrios
y en la huella se derriten las motos
y los ómnibus de nube negra,
se desmantelan como con borrador
las puteadas, los gritos,
las consignas políticas y el vaho
del alcohol y las pastillas para ignorar,
las chacritas se entremezclan
y se abrazan, se respiran,

pasa el dios por los barrios
y se vacían las iglesias, todas
y cada una de las iglesias, sin exceptuar
las más formoles ni las más financieras,
se derriten las casas de usura,
las de apuestas, los comités
y las oficinas públicas, se suspenden
las clases por alerta teológica,
ya no hay nada que enseñar
porque basta oler el aire,

pasa el dios por los barrios
y la estela es siempre centro
y antípoda, se ven los peces del aire
y los pájaros callados,
se desvisten las mujeres y los hombres,
bailan todos como se baila
cuando la música es el aire,
las ideas y las consignas
se zambullen en el reino
del instante que se mueve,

pasa el dios por los barrios
y los niños siguen siendo niños,
corren cuentos como perros,
los versos toman cuerpo de aceite
de oliva extralúbrica,
las casas se funden en árboles
que dan sombra, que dan luz
y que se dan, las leyes florecen
como yuyos, nadie protesta
posiciones adelantadas ni atrasadas,

pasa el dios por los barrios
y todo es victoria, se multiplican
según se necesiten los panes
de harinas nuevas y los peces
vegetales, pasan ríos de jugo
por las esquinas donde se precisan,
andan platos voladores y tenedores
y cucharas y los cuchillos
solo cortan las medidas de los versos,

pasa el dios por los barrios
y las tradiciones se renuevan,
los destemplados se templan
y todos los tratos son buenos tratos,
todo es contrato espontáneo,
se desatan el recato y el pacato,
se ponen lindas las señoras agrietadas
y se derriten las memorias,
las venganzas y las libretas
de los almaceneros,

pasa el aire acariciando,
pasa la lluvia lavando,
pasa el sol iluminando,
pasa la vida viviendo,
pasa el dios por los barrios
si lo dejamos que pase.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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