366 grados, día 178

(pedido por Angélica Aldecoa, a quien se dedica)

La señorita del fondo
me pide que le componga
y que emociones le ponga
del modo más tierno y hondo
a ese viejo tan orondo
que hace zafra en Navidad
y con total libertad
invade las chimeneas
de casas lindas y feas
donde hay menores de edad.

Cual un centro comercial
se adelanta la señora
porque está lejos la hora
de esa bruta bacanal
en que el consumo es bestial
y todo el mundo se apura
para comprar con anchura
lo que se paga a lo largo
y lo dulce se hace amargo
por la magia de la usura.

Ese señor que menciona
viste rojo coca cola
y la espuma de la ola
que hasta el aire “promociona”
y ni un año te perdona.
Su conducta lo delata:
deja más donde hay más plata
y en los lugares más pobres
larga algo que le sobre
o ni se le ven las patas.

Papá Noel fue proscrito
en un país petrolero,
no por su abdomen fulero
ni por cometer delitos,
a su nombre han escrito
la palabra imperialismo,
en tierras del bananismo
le apuntan al chirimbolo
y le endilgan todo el dolo
de su propio hijoputismo.

El viejo gordo del norte
no pasa pues de un invento,
debo decirlo, lo siento,
si quiere no me dé corte
y no deje que le importen
mis razones tan adustas,
pida lo suyo si gusta
que capaz que se le da,
se disuelve la maldad
y la injusticia se asusta.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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