366 grados, 207

Llueve, como dijo Paco Espínola,
para lavar todas las cosas malas
del mundo, como para enfriar
el calor de todos los bonzos
y los pirómanos, para tranquilizar
a las hinchadas, para aguar
el alcohol de las leyes,
para demostrar, con inundaciones,
que hay casas fuera de lugar,
llueve porque no dejamos de sentir la lluvia,
porque las hormigas lo anunciaron
en sus renglones nerviosos,
llueve para ahogar los celulares
y dar trabajo a las peceras
donde dorados funcionarios
hacen girar la noria, llueve
para que obedezca a lo que sé,
para que sepa una vez más
lo que es pedalear contra la corriente.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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