366 grados, día 233, Libro de caras

En la foto familiar
hay padres jóvenes y abuelos vivos,
el niño que era, todavía cachetón,
ya con las letras de mi cara de ahora,
la frente de mi padre,
tan despejada como la explanada de sus ideas,
los ojos de mi madre,
con los mismos brillos de yerba mate que tengo,
la abuelita con expresión de ir al médico
y el reflejo de los doce hermanos,
los abuelos, con cartas prolijas escritas
en las venas de la piel, con las vías
del tren del tiempo entre los renglones,
el otro abuelo, sin cara, del que sospecho
haber heredado tanto,
todos los que acaso sean un grano de la foto,
un reflejo,
la gente que gesticulaba en un español más antiguo,
en otras lenguas, en silencio,
y gastaba otras preocupaciones,
las que iluminó el mismo fuego,
las raíces imaginarias que lo alimentan,
la semilla posible,
la primera cara.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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