366 grados, día 236, Libro de caras

Se oculta tras un velo de humos,
de normas y de palabras extranjeras
para sus propios súbditos,
a quienes intenta no parecerse
poniéndose una máscara de oro
que refleja un sol supuesto,
uno que tiene el dibujo de su tez,
lo cual es el reverso de la moneda.
Hasta que un día resuelve
que no conoce hasta dónde
llegan los rayos de su mirada,
entonces se disfraza de pobre
y sale a chupar por los bares
donde encuentra su retrato obligatorio
en la pared más oscura
y en los baños, para hacerle puntería,
y en la barra, donde hablar mal del rey
es un santo y seña
y su nombre es sinónimo de enemigo.
Vuelve a palacio y decide
que quiere que lo quieran,
entonces dicta una ley
que revoca a la anterior
y propone que en los bares
estén las fotos de los dueños
y pone un bar.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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