366 grados, día 242, Libro de caras

Era tan perfecta que sus mejillas
olían a tetas frescas, su boca era un convite
al girar por el torbellino,
los ojos eran reflejados por el cielo,
y la frente era un escalón para bajar
al paraíso.
Provocó las pasiones más aguerridas,
un rapto, un sitio, guerra y descuartizamientos,
los hombres seguían matándose por ella
mucho después de vencer o ser derrotados,
más allá de los armisticios y las cláusulas leoninas.
Resolvieron los gobernantes,
para frenar el conflicto,
que los escudos de los infantes llevaran la imagen
de su cara.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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