366 grados, día 279, poema sobre “Rodriguez”


Un artesano cava en el confín
de la tierra con su cámara de mano.

De las gargantas multicolores
emerge la veneración
al pájaro desconocido,
uno que en su voz era sus voces.

Un artesano sigue cavando
hasta con su teléfono celular
y desentierra el corazón
del edén laburante,
siempre vivo.

De los ojos de todas partes
sale el agua de la lluvia
por el regreso del dios
que había andado construyendo
paredes y techos,
sordo
a la veneración de que era objeto
en las tierras del dolor.

Un artesano desentierra
a un artesano
y todos nos sentimos pájaros.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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