366 grados, día 286

Tu cuerpo tiene el color del universo,
ondula felino como la noche.

Es tuyo, jamás tuvo otro dueño ni lo tendrá,
como tampoco le caben propietarios
a tu alma, ni inquilinos.

Tu tono, muscular, redondeado, de aire
sólido y acondicionado, la música
de tus ramas y tu cerno,
suena a lomos de mar
con crines de sol y barcos.

Tu cuerpo se parece a una guitarra
cuando deja que mis dedos
le tejan las cuerdas del aire irregular.

Tu grito libera las cadenas de tu tono,
de tu cuerpo, de tu universo particular,
que admite mis humildes vías lácteas.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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