366 grados, día 306

El humor en los poemas
y en la vida cotidiana
son explosiones que emanan
de lo vacuo de los temas,
es un líquido que rema
sin ahogarse en sí mismo,
la vida hecha turismo
de los lugares comunes
tan agrios y belinunes
como citarse a uno mismo.

La razón no es importante,
los argumentos tampoco,
a mí me importan muy poco
las voces altisonantes
que corean sus implantes,
prefiero la risa ancha
del que se para en la cancha
con un pincel en los pies
y anima a los otros diez
a dejar de hacer la plancha.

También me sé de memoria
los aullidos y los llantos.
No los incluyo en mi canto
para evitarme la noria
y andar repitiendo historias
en que siempre estamos presos,
es hora de darle besos
al viento y la serranía,
no hay más tiempo que este día,
no hay futuro ni regreso.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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4 respuestas a 366 grados, día 306

  1. Hesperetusa dijo:

    toda una declaración de principios. También con las cosas ínfimas se puede hacer poesía…, y con los hipopótamos.

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  2. ¿Escribís sabiendo lo que pensás a priori o recién cuando está el poema escrito conocés, descubrís tus pensamientos?

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  3. Las dos cosas, tal vez.

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