Llegar a casa

Cuando llegó a su casa a la misma hora de siempre hizo los gestos habituales y repitió las mismas rutas acostumbradas, vestía el mismo saco gris que usaba desde hacía tres años en forma casi ininterrumpida. Llegó hasta la puerta de su apartamento –el 201- y carraspeó suave como siempre lo hacía, tal vez para sacarse un poco del humo negro de la gran ciudad que se adhería a sus vías respiratorias. Buscó la llave dentro del manojo de la oficina, del auto, de la biblioteca, del escritorio y del candado de la bicicleta que nunca usaba. Cuando por fin la encontró la introdujo con automatismo en la cerradura y abrió la puerta. Tiró el portafolios sobre el sofá y se dirigió a su cuarto a sacarse los zapatos que le martirizaban los pies. Al abrir la puerta, lo primero que vio fue a su esposa acostada con su mejor amigo demostrándose el mutuo afecto que se tenían. Cerró la puerta con un suspiro y se lamentó silenciosamente porque tendría que sacarse los zapatos en el living. Arrojó el saco con displicencia sobre el portafolios. Se sentó y comenzó a desatarse los cordones con la parsimonia del que está cansado después de una larga jornada de trabajo. Al sacarse los zapatos se regocijó oliéndolos, y apreció con admiración las manchas marrones en sus medias blancas. Se aflojó la corbata y enseguida se la quitó, para inmediatamente desabotonarse la camisa y sacarse el pantalón. Quedó en calzoncillos. Se manoseó los dedos de los pies con una expresión decididamente placentera, mientras su esposa y el Cacho se solazaban con las exquisiteces de la carne en la cama matrimonial. Estiró los brazos y las piernas y ensayó un bostezo gatuno inmediatamente después de expeler una sonora y olorosa flatulencia. Olfateando todavía el pedo, alargó el brazo derecho y tomó el control remoto de la mesita, donde acto seguido colocó sus pies, cruzándolos cómodamente. Prendió la tele y puso el informativo del canal 14, admirándose de la belleza de la informativista, y haciéndose a sí mismo comentarios cínicos acerca de las noticias, especialmente de las de política, y molestándose con el ignorante del técnico del Atlético por no poner a Pires, el mejor en su puesto. Siempre lo habían molestado las policiales, así que no le prestó atención a la noticia de un crimen pasional que había regado de sangre un apartamento en un barrio de clase media. Cuando oyó el adelanto de la nota se fue a la cocina a hacerse un refuerzo de jamón y queso, por lo cual se perdió de ver la sangre encharcada en el piso junto a los tres cadáveres, dos de los cuales parecían estar desnudos aunque solo se veían sus pies descalzos y sus piernas descubiertas. En el momento que volvió con el plato y se sentó, la noticia ya había pasado y estaban hablando de las elecciones de algún país europeo donde había bajado la votación del socialismo, con el consiguiente y peligroso aumento en la participación en el poder de un movimiento xenófobo. Sintió el ruido de la cama un poco más fuerte, mordió el refuerzo y se tiró otro pedo, más ruidoso y hediondo que el anterior, saboreando al mismo tiempo las dos cosas. Enseguida de tragar eructó con la perfección sonora de siempre, en el exacto momento en que la cama empezaba a golpear con más violencia contra la pared y las exclamaciones de gozo trepaban en la escala de los decibeles. Bostezó. Mordió de nuevo su comida y puso el canal de películas. Como daban una de suspenso, de esas que tanto lo aburrían, puso un canal de fútbol y se felicitó por haber encontrado un partido de la copa europea entre el Barça y el Manchester que solo llevaba quince minutos y ya estaba uno a cero, prometiendo más goles. Aprovechando una interrupción del partido se dirigió de nuevo a la cocina a hacerse otro refuerzo y a servirse un vaso largo de cerveza. Acabó rápido con su ración y esperó al final del primer tiempo para ir a lavarse los dientes. Aprovechó que ya estaba en el baño para mear largamente, debido a que no lo había hecho en toda la tarde porque había estado muy ocupado. Cuando salió del cuarto de baño, cuya puerta no había cerrado, se encontró con su amigo, quien ya vestido, se disponía a salir sigilosamente.

   -Che, Cacho…

   -¿Sí?  -respondió paralizándose el amigo- ¿Qué, Ruben?

   -A ver si la próxima vez venís más temprano. Hoy tenía ganas de acostarme temprano.

   -Bueno  -respondió con la voz algo entrecortada el Cacho arrimándose a la puerta

   -¿Nos vemos mañana?

   -Sí  -contestó con la voz baja

   -Chau loco.

   -Nos vemos  -dijo el Cacho mientras cerraba la puerta.

   -Mi amor, ¿te vas a bañar o me baño yo?

   -No, bañate vos que no hay apuro.

   -¡Qué muerto que estoy…! Bueno mi amor… – le dio un beso en la boca- te extrañé todo el día.  No sé cómo sobreviviría sin vos. Te quiero.- y entró al cuarto a buscar ropa.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en Sem categoria. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s