Función copulativa del lenguaje

Los profesores de Español y otros amantes de la lengua están familiarizados con las funciones del lenguaje, que debemos agradecer al amigo Jakobson, el poeta de la lingüística. Y también saben  cómo se llama a los verbos “ser”, “estar” y “parecer” (también hay quien incluye “semejar”).
Tengo el placer de presenarles un engendro teórico: la función copulativa, que es aquella en la que la intención del emisor es lograr la cópula con el receptor. Aúna en su seno la función apelativa (“Dale, vamos…”), la fática (hay que probar el canal), la metalingüística (bueno, hay niños…), la poética (ya oí decir a un connotado poeta local que escribe para levantar poetisas), y la referencial (hay que informar sobre algunas cosas), eso sin hablar de la expresiva o emotiva (¡ay! ¡oh, diosa!, etcétera). Cabe mencionar que un indicador de la presencia de esta función del lenguaje es que se encuentran verbos y conjunciones copulativas (“ser”, “y”, “estar”, “amar”, “dar”, amén de otros cuyo registro de lengua sería velozmente objetado por los censores del INAU). Es frecuente hallar verbos y pronombres en plural, cuya permanencia en el tiempo parece ser mayor en el género femenino.
Algunos teóricos, de corte freudiano, sostienen que esta sería la Función de las Funciones, en una obvia referencia a la centralidad del coito en la lengua y al Cantar de los Cantares. Amén. Amen.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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