Soneto de Montevideo

Se pierden las baldosas de sus calles,
se desgranan, se convierten en armas,
no se ve lugar donde no se hallen
entre bolsas que arrastran su karma

de degradación que no se degrada,
carteles chillones y trazos toscos
son síntomas que se observan en cada
parada, en cada gesto hosco,

estallidos, cigarros y botellas,
discursos, asaltos y connivencias
amontonados. Mella sobre mella,

cultiva la ciudad de los poetas
un estilo barroco de excrecencias
y para lo bello siempre es discreta.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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