Poemas en los que acuso recibo de los pagos.

*

Restos de sol,
viento suave del norte
y el café en copa.

*

Entre tanta patada y tropezón,
la bailarina fluye elegante,
escribe poemas con los pies
y se acuerda.

*

Ella hacía preguntas
que daban vuelta las mías,
las invertían.
Me acuerdo
de la sonrisa inteligente
en los últimos bancos.
Trabaja en el banco.

*

Somos esencias sin tiempo.
Me lo recuerda
un hombre de barba
de doce años
que se sentaba
en el primer banco.

*

Estoy contento.
Llevo tres días seguidos
cobrando mi trabajo en clase.
Deberíamos declararnos
en conflicto
cada vez que nos olvidan.
El salario es en especias
amistosas.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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