Antiquísimo poema sobre las mujeres de Lemuria

a Pereira Severo, que dice que la poesía se acuesta con cualquiera, y debe tener razón

Ay, Pereira,
lo lindas que eran las mujeres
de Lemuria la olvidada,
qué artes en la mirada,
qué modos felinos
de llevar el ritmo
de las sílabas de la vida,
qué vestidos de telas reveladoras,
qué lo parió.

Ay, Pereira,
me pregunto si serían susceptibles
a las tretas de los manuales poéticos
para seducirlas, si libarían
el néctar punzante del mareo,
si conocerían el regusto amargo
del encuentro del comité,
de algún politburó de la época,
con lo dulce de las ondas de los ríos
que van al mar,
que es el vivir.

Ay, Pereira,
me pregunto si ese tiempo
de adelantos tecnológicos
todavía sin igual
tendría dedicado un porcentaje
del producto a no ser brutos
o si tal vez no lo tuviera
y eso los llenó de desiertos y banquisas,
o si la poesía cedía
frente a las usinas termoeléctricas
de esos días,
burocracias, funcionarios, salas vacías,
espaldas sin sentido, señoras sosas,
pasos sin toros, desgracias sin amigos,
o si lo que quedó de todo fue la poesía,
o si esta fue un manual
para empresas públicas
mal leído
por el tiempo que todo
lo tergiversa.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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