Relajo, de Fernández de Palleja. Las sombras de Grey un poroto.

por Rodney Da Silveira, amarillista, en su columna literaria de El Biarritz Herald
Editado por Trópico Sur

Editado por Trópico Sur

Amarillista de alma.

En mi dilatada trayectoria periodística me ha tocado cubrir carreras políticas, campañas carretilleras y eventos culturales diversos, amén de la cobertura del acontecer noticioso de la más estricta cotidianeidad. He tenido pocas o nulas ocasiones de toparme con despliegues de inmoralidad tan ostensibles como los que lucen en “Relajo”, libro que reúne relatos del olimareño Fernández de Palleja, editado por Trópico Sur. Añadiría que incluso la situación inestable que se vivió en los prostíbulos de la frontera allá por los noventa, de la que se guardan atroces recuerdos, cuidó más las formas de la moralidad y la continencia verbal, eso sin mencionar los valores propios de la familia y la tradición.
He de reconocer, sí, que el título resulta adecuado al desmadre que pulula página tras página. Para que el lector de este prestigioso medio se haga una idea, conviene advertir que, en comparación con este engendro, la inmoralidad presente en la literatura subida de tono de las “50 sombras de Grey” es un poroto. En el mentado best seller internacional de extendida fama entre muchas señoras de nuestro medio, la autora se cuida adecuarse al esterotipo de la mujer frágil y femenina que se somete al macho dominante, a lo cual se contrapone violentamente la mezcolanza irrestricta que palpita en la narrativa de Fernández, quién sabe imbuido de qué clase de degeneramientos o pulsiones más o menos reprimidas. Al autor parece que tanto le da una cosa como otra -usted me entiende, no debo abundar-, como en recuerdo de aquella histórica canción del Cuarteto de Nos donde al yo lírico le servía “lo que tenga a mano, sea hembra o sea varón.” A su vez, pecaminosamente, el narrador no vacila en recurrir a recursos propios de nuestra rica literatura fantástica a efectos de la introducción de los más confusos episodios amatorios.
Se trata de cuatro relatos de extensión diversa, el primero de los cuales, “Cambio de vida”, comienza sembrando la tónica del libro y acaso sea el más autobiográfico, aunque no sé si sea lícito creer las autorreferencias ya que tal vez estas se traten de meras distracciones las cuales, por cierto, de ser tomadas en su dimensión éticas, podrían configurar serios problemas legales al autor, cuyo rol profesional se vería seriamente menoscabado. El segundo cuento, “Vudú”, recuerda a la magia de origen africano y al vino en caja de la peor calidad, comparación que me siento autorizado a hacer con conocimiento de causa. En tercer lugar figura “La barboleta”, curiosa palabra utilizada en la zona este del país con claras, y distorsionadas, raíces portuguesas. La historia, desde un comienzo, se manifiesta deudora de “La metamorfosis” de Franz Kafka, aunque no en el sentido que se enseñaba en el liceo sino, como parece ser una obsesión, volcado hacia el lado de los tomates. Por último, se puede leer “La ciudad histórica”, un relato turístico que vincula la atracción erótica a los espectáculos deportivos y las ejecuciones en la plaza pública.
Como es lógico, las breves incursiones hermenéuticas esbozadas no agotan los significados de las narraciones que, sobrellevados los pruritos éticos que tengo acerca de la pornografía, pueden medrar incluso en el campo del cuestionamiento de la construcción cultural del género en cuanto categoría productora de hegemonías, qué lo parió, qué palabrerío que me mandé.
No sé qué habrá querido lograr el autor con esta narrativa. De todos modos, me siento forzado a reconocer lo oportuno de las fechas elegidas para las respectivas presentaciones del libro, ambas posteriores al balotaje, el dos de diciembre en Montevideo y el once en Maldonado. Este acierto cronológico le evita la de otro modo segura denuncia de parte del edil colorado Francisco Sanabria Barrios, que se ha erigido en un censor imprescindible de las buenas costumbres en las esferas literarias, y a su vez ha declarado su intención de “hacer mierda” todo apartamiento de la laicidad y la moral en el arte de la región.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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