Décimas sobre las cincuenta sombras de Grey

Cuente las sombras. Para mí no son cincuenta.

Hoy me quedé solo en casa
porque se fue la patrona
junto con otras matronas
a un lugar donde se pasa
un film donde se amasa,
se castiga, se aporrea
y también se mimosean
una gringa con su gringo
cuyos nombres no distingo
y parece que voltean.

Yo no fui a la proyección
porque “era noche de chicas”
con todo lo que eso implica,
tampoco me da emoción
el cine romanticón
que es puro lugar común,
el cuento de un belinún
muy meritorio en billetes
que al amar es un sorete
que golpea sin según.

No entiendo tanta adhesión
si en esas escenas grises,
según los críticos dicen,
no se aprecia el revolcón
en toda su dimensión,
no se ven los genitales
y en pechos andan iguales
que la actriz que hacía de Lassie,
cuentan que son puro casi
los topetazos carnales.

Escuché la sugerencia
de unas alegres señoras,
desnudas y seductoras
actrices de la turgencia
quienes, en esta emergencia,
abren los ojos a todos
los que andamos en el lodo
de toda esta propaganda
que por todos lados anda,
hay que hacerlo de otro modo:

agarre la ceibalita
y si le place un fernet
y métase en internet
que allí sin tirar la guita
se encuentra usted con todita
la gama del mundo porno,
con adorno o sin adorno,
con mujeres poderosas
además de muchas cosas
que lo pondrán como un horno.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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