Poema que fluye como unos relámpagos

Flor de foto del agua natural.

Flor de foto del agua natural.

Mientras cuento otra vez la misma historia
del japonés que le sacaba
fotos a los efectos de las emociones
en el agua congelada a una amiga
que está por dedicarse
a vender agua tratada con reiki, me recuerda
que ya se lo había contado y me defiendo como suelo
hacer diciendo que mi olvido
es providencial y ubicuo,
que si soy sincero
es más por falta pereza para sostener la maratón
de patas cortas de la mentira.

Le digo que estoy en llamas,
que desde alguna hora de la tarde
ardo como una refinería que purifica y esplende.
Me pregunta por qué.
Le digo que porque escribí cartas para ayudar
a crear una parte del mundo,
porque invité a una delicada española
afrancesada a visitar uno
de los jardines en los que trabajo
y dijo que sí, y la jefa del jardín
también dijo que sí,
que porque redacté la reseña
del libro cuya lectura no me dejaba
dormir desde hace días
y que porque escribí un poema intestinal
y, ahora me acuerdo, porque
sé que viene un disco nuevo de Lenine
y me da razones para seguir vivo
y que no sé por qué.

Me dice que me imagina
en tales hervores
y que lamenta no tener mi prosa
para referirlos.

Y ahí le digo
que la prosa es el momento,
que la corriente
de agua eléctrica
de la vida
es la prosa, es el momento,
que ahora dejo diluirse
fractalmente en la marea
oscilante de un disco de Lenine.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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