Décimas líricas de fútbol

Canhoteiro

a raíz de intercambio conceptual con Santiago Dentone, de profesión literaria y poeta con los pies

Antes de armar el equipo
se precisan dirigentes
que se parezcan a gente
y que en la hinchada haya tipos
que se hayan hecho una lipo
en la gorda estupidez,
que hablen sin acidez
y que tengan en sus vidas
otras cosas divertidas
o se traten el estrés.

Un detalle no menor
es que en las barras de aliento
más del cincuenta por ciento
debe tener un tenor
femenino y superior,
eso antes de mencionar
que libres deben andar
montones de gurisitos
persiguiéndose a los gritos
meta jugar y sudar.

Es difícil que se tenga
un ambiente respirable
sin una prensa potable
cuyas razones se avengan
a evitar ideas rengas
o esos gritos descosidos
como si hubieran tenido
brotes de psicopatía,
dementes monomanías
y mucho güisqui bebido.

Yendo ya a lo deportivo,
quiero a un técnico docente,
entusiasta, inteligente,
que transmita los motivos
del disfrute colectivo
y se ponga el overol
bajo lluvia y bajo sol
en busca de las maneras,
con apuro o con espera,
de lograr hacer el gol.

El golero, por su lado,
debe ser un tipo atento
cuyo mayor sentimiento
debe ser tener cuidado
y volar de lado a lado
cuando la ocasión lo pida,
y saber que existe vida
más allá del área chica,
y jugar con la que pica,
con los pies medio suicida.

Corresponde a los zagueros
firmeza y velocidad,
pulcritud, ferocidad
y hablarse con el arquero
para coordinar el cero,
mejor que salgan jugando
y muy poco bartoleando,
las dos áreas son su hogar
y nunca deben llorar
aunque vengan degollando.

Los laterales ya son
de ludotipos variables
y si se puede maleables,
necesitan corazón
y un alma de bandoneón
que se abre y se repliega,
dispuestos ya a la brega,
ya al desborde rutilante,
tiene la cancha adelante
y contra la raya juegan.

Hay mediocampistas tácticos
que se usan para todo,
en especial para el lodo,
nunca llamados galácticos,
que les resultan muy prácticos
a sus entrenadores,
discretos laburadores
como por ejemplo el Tata,
son perros que meten pata,
de pocos admiradores,

y ahora en otro me afinco,
el rey de la parte ancha
de la mitad de la cancha,
está el impasable cinco
cuyas constancia y ahínco
lo hacen ser el corazón
que bombea la pasión
y entrega con estrategia,
eleva al grado de regia
su proletaria razón.

Mi padre siempre decía
que antes había punteros
como Garrincha, moñeros,
que zigzagueando corrían
y la cancha siempre abrían.
Pocos son en su función
que ha perdido tradición
y es raro que los aprecie,
aquilate y justiprecie
la moderna sinrazón.

Adentro del área el nueve
es una fiera con hambre
y del equipo el estambre
que frenético se mueve
por si una bola le llueve
y la mete en el trampero,
tiene medido al arquero
y aunque no aparezca nunca
y parezca que no funca
siempre encuentra el agujero.

Y dejé para el final
al poeta impredecible,
al de jugada indecible
que se le escapa al rival
y genera que el ritual
de la pelota y el pasto
tenga sencillez y fasto,
la pausa y juego profundo,
enganche y pase rotundo
de un teatro cuyos actos

de elegante y raro porte
que nacieron de su amor
nos olvidan del sudor
y les hacemos la corte
porque hace ver el deporte
como si fuera pintura,
baile sutil, escultura
de belleza sobrehumana,
un infinito que emana
de su aeróbica escritura.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en décimas, poema. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s