Dos poemas

*
No puedo ser siempre
catarata, ni torrente, ni rápido,
ni un surtidor hirviendo
en el frío, ni una tierra
de hielo constante, ni siquiera
cuando aparente esconder
gran parte de mi volumen,
ni tengo forma de ser
un lago alto ni uno
en que se seca salada la mente,
no puedo ser siempre
la lluvia puntual del trópico
o el cuentagotas se San Pedro,
ni todo lágrima, ni sudor,
ni sangre, tampoco todo
semilla de savia
ni jugos ácidos y por cierto
ser un río de de palabras
se limita a mi recuerdo
de un río con tres puentes
y a la cantidad de tiempo
justo y necesario
para generar una naciente
que termine por ocupar
todo el planeta en un instante.

*
Mario Quintana hablaba
de un signo astrológico diferente,
un número trece proscrito, el signo
que rige misteriosamente
a los poetas, a los brujos del pueblo
que conocen la potencia
creadora de las palabras,
gentes que convierten sus vidas
en mantras fractales, géiseres
arbóreos que ventilan el aire
y no dejan que se marchite.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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