Ahora que me saqué el 5 de oro

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Fue mi sueño más sincero/ conocer a Don Homero.

Ahora que me saqué el 5 de oro
voy a hacer lo que hicieron los tipos
que se lo sacaron, exactamente lo mismo,
como los que salían a reventar camionetas,
a pagar deudas viejas, a cerrar establecimientos
de dudoso ramo para su uso exclusivo y de sus amigotes,
como los que se dieron la gran vida
de comilona en comilona, de viaje en viaje,
Chuy, Florianópolis, Pelotas y los partidos de Uruguay,
Europa con pensión completa, grandes capitales
y rinconcitos mágicos, islas griegas;

ahora que me saqué el 5 de oro
voy a hacer lo que hizo gente cercana
que regaló la mayor parte, que tuvo que ser reprimida
para que no lo regalara más rápido,
que se compró unos caballos, que era lo que le gustaba,
que le regaló un local para una muchacha
que quería poner un negocio,
que en definitiva le dio unas bocanadas de aire
en el último tramo del vagabundeo de su vida;

ahora que me saqué el 5 de oro
no te vas a enterar más que por este poema
del que podrás pensar que es mentira,
como mis viajes filipinos,
pero voy a hacer todo lo que he soñado,
prometido y planificado para la ocasión,
sí, porque tengo planes para todo, estoy
preparado para casi todo lo que puede sucederme
en la vida, excepto, claro está,
para lo que me sucede, que eso siempre
me toma por sorpresa;

ahora que me saqué el 5 de oro
voy a cumplir con mi sueño de ciertas cosas
propias, de ciertos viajes y dos o tres potes
de dulce de leche del bueno y un inexplicable
asado para mis amigos amén de algunas
no menos inexplicables ediciones de libros
y actividades culturales,
voy a cumplir mi promesa del chocolate
más grande que pueda encontrar en el Free Shop
a quien ha tenido la precaución
de grabarme diciéndolo con mi lenguaje
más jurídico posible,
voy a cumplir mi planificación de dividir
el premio en diversas cuentas
destinadas a dos o tres donaciones discretas y simbólicas,
un rubro para inversiones para que el dinero
llame al dinero, sí,
soy capitalista cuando tengo capital
-como amoroso cuando tengo amor-,
una cuenta de ahorros, o tal vez dos,
y voy a seguir en mi trabajo como si nada,
voy a seguir comiendo las mismas
milanesas de pollo baratas de El Dorado,
voy a seguir viviendo en la misma cueva
que tan cálida resulta en el verano
como fría en el invierno, voy a seguir
comprando el café en la feria de los domingos,
y el azúcar y la pasta de dientes,
voy a seguir sin incorporar ropa ni championes,
voy a seguir viviendo con tres pesos
y con el mismo frasco de champú
Head & Shoulders que me acompaña hace dos años;

ahora que me saqué el 5 de oro
voy a ser, como toda esa otra gente,
yo mismo, es decir, tan pobre como siempre,
tan torpe, tan roñoso, tan atado a las dos o tres cosas
que llevan años y años: el café con leche frío,
el ritual del baño, la biblioteca, los amigos,
el jugo de naranja de dos litros (ahora sin culpa),
las calles de todos los días, las caras de la gente,
incluso las quejas de la gente, los gurises
de este pueblo, mi bici Gregoria
cuando la recupere del taller,
mis párrafos más o menos esforzados,
algunos versos;

ahora que me saqué el 5 de oro
voy a agradecer que el 5 de oro
es como dijo Bécquer de la poesía
y no voy a andarlo contando
como quien choca camionetas.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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