Unos del origen

*

La seca, o la intendencia,
cambiaron el cauce del río y la arena
tomó el lugar donde caían los niños
que se tiraban del trampolín de hormigón
que tanto miedo me causaba, hoy tenía el valor
de un resto arqueológico
y en cambio en el antiguo cauce
se movían, inmóviles, historias viejas
como sangre que de pronto brota
de los huesos del tiranosaurio,
hay huellas los niños que fuimos
y hoy son cuerpos extraños
que duelen en los días de tormenta,
están los mismos árboles que vieron
los mismos vómitos generación
tras generación, intento de olvido
tras intento de olvido, flor de zucará
tras flor de zucará,
hay algo, pese a todo, que desvía
levemente el flujo del tiempo,
una oportunidad, sin dudas,
para cambiar el mundo.

*

Yo que nací en tantas partes
y al mismo tiempo en ninguna
busco mi origen con artes
que son, al cabo, mi cuna.

Cuando llego a mi ciudad
me recibe a una canción,
baja mi velocidad
y sestea el corazón.

Al acercarme a mi río
van saliendo de mi boca
una creciente, un rocío
y versos que desembocan.

Cayendo la tardecita
otra vez me voy marchando,
en el rodar se recita
que mi pago es ir andando.

*

El ómnibus va haciendo una sombra
que se alarga hacia el pasado
mientras viaja hacia el presente,
uno de los pasajeros piensa en el infinito
y te ve, rodeada de un infinito cálido
de besos y abrazos.

*

Nido de piedras
donde hace eclosión
un coronilla.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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