Discusión, día, dedicación, espermatozoide, extranjero, entretenimiento.

Discusión

Guitarras que vuelan perdiendo las notas
de los cantos de las flores, diarios
mojados, guías telefónicas de ciudades
que no existen y vuelven siempre
a la misma página que venía
con recetas de cómo cocinarse
a los tortazos, de cómo utilizar
nuestro rico idioma español para
desentendernos, desafinarnos,
desafiarnos a incumplir
la armonía y hasta el sol
de medianoche, el que logramos
ver cuando en vez de correr
carreras de polo opuesto
a polo opuesto nos dedicamos
a buscar el norte común,
en el que, por cierto,
coinciden también los sures.

.

Día

Una bailarina, que gira en torno
a su pie casi aéreo, acelera
los días, se tornilla a la corriente
obediente de las horas,
un ser lastrado que mira fútbol
entre gritos de dolor inútil
se detiene como la basura
que obstruye las bocas de tormenta,
unos niños juegan a marearse
y caer como trompos desarmados
mientras la hoja del eucaliptus
cae como una cimitarra suave
rumbo a su ciclo,
los chakras se mueven al ritmo
de lo que se suelta y se reprime,
la Tierra es la armonía
constante de todos los giros
y viaja en torno al sol,
ese torno que no sabe tener noche.

.

Dedicación

Con la paciencia de un monje zen
que busca el momento y el lugar precisos
para posar la pluma que represente con un
trazo el retazo de aire por el que un pájaro
surcó su vuelo enamorado y fue más liviano
y de alguna manera sabía que lo pintaban
y entonces voló para la foto seguro
de que la mano lo elevaría a cielos desconocidos,
así se mueve la mano en el surco,
sembrando vientos, esperando
que los montes sean tempestades.

.

Espermatozoide

Esta es la balada sobre las andanzas
del espermatozoide,
que dijo uno en el pueblo
que si no existiera,
no habría folclore,
ni vino, ni río.

Esta es la balada de los velocistas
cabezones, flagelados,
hubo un grito en el silencio
de la tribuna, sin ellos
no habría ni pasto ni banderines.

Esta es la balada de los desperdicios,
de un pueblo que empuja
con rumbo a quién sabe,
se muere en el aire
o por el camino
y es uno solo el que logra meterse.

Esta es la balada de los mensajeros
que surcan el mar de posibilidades,
si no fueran ellos
no abrirían bares, no habría leyes
ni arreglos florales, no habría baladas.

Esta es la balada de los pelotones,
de los callejones, de las avenidas
y los andurriales, la canción humilde
de las mayorías, de los que la reman
sin saber por qué, si no fueran ellos,
palabras mudas, no se cantaría
nada de nada.

.

Extranjero

El escritor es un extranjero,
lo pusieron de chico en el envase
de un cuerpo parecido a los de su pueblo
pero en circunstancias enrarecidas,
enfermo, aislado, solo, en un lugar
al que no pertenece, razón por la cual
se esfuerza por aprender la lengua
hasta lo obsesivo como si eso
lo ayudara a jugar a la pelota
con los niños locales.
El escritor es un extranjero
cuyo origen puede rastrearse
por sus ausencias y buenas notas,
porque mira como gato temeroso
las costumbres de la gente,
que no comprende, con el objeto
de intentar ser uno más,
poder bailar cumbia, tener novia,
saber qué hacer con la novia.
El escritor es un extranjero
con el agravante de que nadie
lo diría, nadie detecta un alma
portuguesa del siglo pasado
en medio del baile del Rancho,
un lugar para estar entre amigos
con su techo tan particular
de luces, estrellas y amistad.
El escritor vive a sus anchas
en la patria de la lengua,
por eso emigra y vive
en una tierra sin gobierno
a la que se conoce por cuentos
y muchas veces se la nombra
sin haberla visitado jamás.

.

Entretenimiento

Tener entre paréntesis, algodones coloridos,
pokemones ubicuos, escotes abismales,
descuidos fotográficos, el último golazo
de la industria de la moda, la mediana
y la media según las encuestas divulgadas
por la muñeca rusa de ojos operados,
Tener, entre otras cosas, las ventanas
para ver hacia ese afuera confitado,
frito, en oferta, ya, lleno de opciones
y al mismo tiempo de no, de nada,
de zanahorias espejadas de colores.
Tener entre pecho y espalda espadas
y petos atragantados como picadita
de chovinismo del día de la madre
y un griterío bárbaro de adolescentes
que años después van a pasar
a arrastrarse inartísticamente
por los arrabales más aburridores
porque, claro, todo eso cansa,
muere, cae, se despinta tipo un barco
de plástico en una bañera de agua
verde, marrón, tornaftado,
razón por la cual esa es la mejor
suerte que puede tener,
convertirse en literatura triste.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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