Décimas de Uruguay en el Mundial

uruguay

Plantel celeste.

Uruguay irá al Mundial
de Rusia 2018,
ya se aprontan los bizcochos
para verlo en un ritual
cuya modalidad grupal
incluye nervios y mate,
el “uh” tras ciertos remates
y el grito si sale el sol
amaneciendo en un gol
que deja atrás el empate.

Unos cuantos jugadores
juegan a primer nivel
y hay en nuestro plantel
como cuatro goleadores
y muchos trabajadores
de disciplina y pincel,
tal vez hasta haya oropel
en el medio de la cancha;
la defensa hace pat’ancha
y suele dejar la piel

en pelotas divididas
o cierres providenciales
-evitando hacer penales-,
todos se juegan la vida,
no dan una por perdida,
inclusive los goleros,
hombres de vuelo sincero
y sobrios cortes de centros,
la buscan bien poco adentro
por su amistad con el cero.

El técnico, con su experiencia
y un proceso sostenido
en este tiempo, ha podido
revalidar la vigencia,
a pesar de las carencias,
de la selección celeste
y alinear de este a oeste
al público en la expectativa
esperando que revivan
juego y suerte y que se presten

a llegar a las finales.
No parece tan demente
lo que piensa mucha gente:
no hay delanteros iguales
en muchos de los rivales,
el grupo se muestra unido
e incluso se ha percibido
más fineza con los pies,
hay uno que juega de diez
y en los que marcan ha habido

mejoras con la pelota.
Pero cabe cuestionarse
si es bueno identificarse
con los muchachos que trotan
o sufrir con sus derrotas
si todo va a ser igual
y el barullo del Mundial
es una humareda oscura
que nos distrae mientras dura
de nuestro berenjenal,

de los problemas sociales,
la enfermedad colectiva,
los delincuentes, el IVA,
nuestras ideas bestiales
y pecados estatales,
no vemos la educación
y su triste conducción
ni que está en fase inicial
otro circo electoral
con todo y Constitución.

Se olvida la literatura,
los rallys de carretillas,
la bombacha en la canilla,
la escultura y la dulzura,
las ciencias blandas y duras,
o ser una melodía
el pueblo junto algún día,
se tiende al monocultivo
en un rubro deportivo
del que se habla todo el día.

Varias veces he pensado
que sería mejor perder
y humildemente volver
para mirar lo olvidado,
lo roto, lo abandonado,
tener sueños más diversos,
más ensayos y más versos,
que trabajemos con arte,
cuidando todas las partes,
más verdad y menos verso.

Pero no puedo evitar
ser uno más de esta historia
y aceptar la zanahoria
que nos hace ilusionar
con buen juego, con ganar,
con ir a tumbar gigantes
como en los cuentos de antes,
indicio de que se puede
cuando el trabajo no cede
y el mundo está por delante.

 

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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