De dónde sale “Educación”

tapita educación

Dibujo de tapa: Silvia de Palleja

Había un profesor a quien se le notaban muy pocas ganas de entrar a clase. Como es de esperarse, despertó la incomodidad de la adscripta, además de los comentarios de la comunidad, en virtud de lo cual le fue asignado un nombrete que pasó a identificarlo. Pasó a ser un personaje, pero uno que yo empezaba a ver incompleto: me faltaba toda la historia que lo precedía. Y tenía que equilibrar esa imagen que el hombre estaba dando, así que tuvo que ser virtuoso y tuvo que haber vivido una vida de aventuras. Una vez que lo tuve escrito, no se me ocurrió otra cosa que compartirlo con mis compañeros de trabajo, ocasión en la que observé que el relato funcionaba, que provocaba efectos en los lectores, así que, con ese estímulo, empecé a rebuscar qué historias había semejantes (de profesores, y también de alumnos) que fueran dignas de ser contadas, de circular de mano en mano en busca de alguien conocido. Uno, cuando convive lo suficiente con un entorno determinado, empieza a sentir cómo late y se familiariza con la estructura social, lo cual lleva inevitablemente a destacar a algunos personajes, aquellos que van por la vida con alguna particularidad importante, los excéntricos, a los que les pasa algo, los que se relacionan de maneras desbordantes.

Los cuentos de “Educación” nacieron pensando en ser leídos, surgieron de las ganas incontenibles de contar las historias, algunas de ellas con cierto recorrido oral, otras armadas a partir de una anécdota escuchada un día, algunas también nacidas del cóctel de varios personajes hechos uno solo. En cada caso, hay algún personaje que sufre o ejecuta algo, a través de lo cual se observa la particular psicología que puede tener alguien expuesto a los rigores de una institución educativa o los vínculos que se pueden desarrollar en tal ecosistema. Es un libro que está lleno de gente, lo mismo que los liceos, que solo en ciertos períodos gozan de extraños silencios en los corredores. No hay necesariamente, ni de modo explícito, un pensamiento organizado acerca del concepto de “Educación”, título malintencionado, aun cuando los personajes tienen sus miradas, cada uno desde su ángulo, todo confluyendo en ese guiso cuyos propósitos nunca están tan claros. Tal vez puedan adivinarse algunas obsesiones del autor, y tal vez eso pueda mover a cierto pensamiento. Lo que es seguro es que la gente del ambiente podrá hurgar en los personajes en busca de tal o cual, se preguntará por qué no está alguien y habrá quien se busque a sí mismo.

En la literatura, por cierto, el lector no hace otra cosa que intentar desentrañar su propio reflejo, cosa que estimo podrá hacer cualquiera y no solamente quien tenga vínculos con la enseñanza. Y, si en el camino encuentra algo en lo que no había reparado o le brota una sonrisa, me daré por satisfecho.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
Esta entrada fue publicada en narrativa propia, Premio Lussich, Publiqué, Sem categoria. Guarda el enlace permanente.

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