El voto de un yuyo

Un yuyo transplantado observa
que se vienen dos tormentas,
piensa en el agua y el viento,
se pregunta si es como el ombú,
al que algunos llaman pasto gigante
y otros nombran árbol robusto,

el yuyo rememora, se pregunta
si decidió cambiar de tierra,
duda si su raíz es aborigen
o si porta en su ser un linaje
invasor, si su presencia
suma o resta al ecosistema,

si un voto que el alma pronuncia
hará que, heroicos, sepan cumplir
los nubarrones multicolores
y el frente cálido y frío
sus olas de esperanza y cambio,
o si toda el agua es agua,

si el retazo de los cielos
que está libre de los rayos y los truenos
es real, si es durable y si es un techo
do jamás se pone el sol
y si pueden los yuyos
crecer bajo techo,

el yuyo, budista, ya no cree
en oponerse a los vientos,
tal vez uno de los puntos cardinales
socave menos el terreno del yuyal
u otro le siembre eucaliptus,
agradece a las nubes el resto de luz
y espera que el tsunami lento,
en una de esas, traiga vida
o tal vez se muera y se vaya
con la correntada.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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