El teléfono sabe

teléfono

Sabe y sabe.

El teléfono sabe dónde estuve,
sabe qué estoy pensando en comprarme,
a veces incluso tiene el dato
de que ya lo compré, y tiene la delicadeza
de cambiarme la propaganda,
una vez que ya compré zapatos
me muestra relojes y cada vez
se acerca más a mi gusto.

El teléfono sabe mis cuentas bancarias,
sabe de las carencias de mi vida,
de mis mudanzas, sabe los libros que leí
y todo lo que no he leído y no quiere
que lea, me quiere alejar de la obra
de Erico Verissimo mostrándome
imágenes, videos, macacadas,
un flujo cataratesco de noticias
vacías, haciéndome perder el tiempo
para que no lea O tempo e o vento.

El teléfono sabe cuántos de mis kilómetros
recorro cerca tuyo, tu teléfono lo sabe,
tiene estadísticas que le indican
cuándo ofrecernos otros servicios
que nos desvíen del centro de las cosas,
sabe que un día surqué la ruta 39,
la 8, que un día llegué de apuro
a Montevideo y que una noche
me quedé, y tiene presente
que fue bañarme y dormirme
después de una jornada maratónica.

El teléfono tiene presente
que estoy escribiendo estos versos
después del informativo, que me espera
una milanesa fría y que hoy tomo agua,
tiene constancia de los mensajes
que ya mandé anticipándome a las fiestas,
considera especialmente los que no escribí,
por más que me esfuerzo
no logro salir de la estadística,
puede que a veces al teléfono
lo desconcierten mis comentarios políticos
y me escriba distintos insultos
para ver cómo respondo, necesita
ver mi perfil con claridad.

El teléfono sabe que hay formas
que solo me seducen para verlas,
hay relojes que miro pero nunca me pondría,
sabe de mi inadecuación a los tiempos,
a los usos y las costumbres
y sabe que somos un grupo de gente
más o menos agrupable, con poca
propensión a las armas y un poco más
cercanos al verso y al vino,
tal vez me aparezca ahora un aviso
con una promoción de tintos,
también sabe qué mudas de árboles
tengo y con qué especies trafico,
ha escuchado que me gusta
la Estrella Galicia tal vez por mis orígenes
migrantes, tiene presente que escribo
para ser irresponsable y que es
como mandar una foto desnudo.

El teléfono sabe que hay algo
que no sabe porque yo tampoco lo sé,
agradezco entonces
la ignorancia tensa de tantas cosas,
las mil preguntas sobre la economía
del alma y el corazón del país,
las voces que nunca escuché
ni escucharé, la ola oscura
del futuro que se acerca constante,
las cosas que nos decimos sin decirlas,
una conspiración que tenemos montada
sin habernos reunido nunca,
unos gestos que aprendimos antes
de que hubiera teléfonos,
un monte, una noche, una taza de té.

 

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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