Poema adicto

Un clítoris monárquico
tomó el control de la nave,
navego a impulsos de la piedra
del placer, la piedra en el zapato,
la piedra en el camino,
la piedra adictiva, precisa, voraz,
órgano omnipresente de fácil estimulación,

meteórica carrera hacia el poder
cada vez más total, espejos de colores
en los pasos cada vez más desiertos,
la buena nueva caa vez más falsa,
la mirada irresistible de la vulva
de la sirena, el ejército de un millón
de narcisos como yo, de ciegos perdidos
en el laberinto del espejo,

es fácil encontrarme diciendo
que tengo razón, que lo que sigue es nuevo,
que cuando quiero dejo,
que tengo el control, que le gano
a alguien la batalla mientras la pierdo
contra mi propia tiranía, mi debilidad,
el carcelero que no deja que piense,
el humo del alcohol más frecuente,
la revista pertinaz de las pantallas,
la casa mientras tanto cayéndose
a pedezaos, una acumulación
de corazones muertos enterrados
en el patio que crece en sombras,

dejo de fumarme el mundo,
dejo de tomarme cada noche
la bebida ciega, dejo de matar
al amor y al buen trato con la adicción,
dejo la esclavitud, dejo la piedra
convertida en lápida de sí misma,
santuario del perdón, de las flores,
hecha cimiento de una obra
que alberga, ventilada, la verdad,
que solo existe cuando se comparte.

Acerca de Fernández de Palleja

Treinta y Tres, de ahí vengo.
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